Soy una enorme inepta. A veces pensar me viene grande y hago estupideces. Como resultado os presento mi nuevo blog. Es informal y hablo de cosas más personales, no esperéis literariedad, sólo palabrotas.
Esto no quiere decir que abandone estos lares, sino que tengo varios frentes abiertos que espero poder cubrir en condiciones. Sin más dilación:
Dulces esencias
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domingo, 6 de julio de 2014
lunes, 2 de junio de 2014
A la vejez, viruela
¿Qué hacer cuando la vida te huele a viejo?
A ese olor entre rancio y muerte venidera, a perfume plomizo y alcanfor, a recuerdos y a un futuro demasiado incierto como para contemplarlo.
He de decir que los ancianos me incomodan. Creo que su sabiduría me perturba tanto como su soberbia. Pero qué hacer, son un saco de carne arrugada y huesos con muchas vivencias a la espaldas, no se puede ignorar eso. Me he pasado la vida ajena a ellos porque mis abuelos murieron pronto. Les recuerdo a medias y no pienso en ellos, aunque sé que les quería a mi modo de pastelitos de domingo y triquiñuelas bajo la mesa. Aún laten en mis sienes esas malditas preguntas trampa de la Yaya: ¿A quién quieres más a mamá o a papá?
"Pues mire señora no lo sé, mi padre me aúpa en sus hombros y cantamos bajo la luna llena y mi madre me acaricia la cabeza y me da besitos de mariposa con las pestañas. Me deja usted en una posición un tanto comprometida."
De mi Dodo recuerdo poco, que yayo me parecía vulgar a mis tres años y me las ingenié para darle mi toque personal. Si cierro los ojos oigo su butaca en una sinfonía de horror y se me clava su iris azul en las pupilas; lo demás, es mejor olvidarlo. De mi abuelita Ana solo puedo balbucear nostalgia contenida y mucho pesar, la distancia a veces es una muerte reducida, una ausencia torpe y boba que nadie puede salvar.
Sin embargo en estos días, por mucho que yo les esquive, se abren un paso raso y cruel ante mis retinas. No es que yo no les quiera ni ver, no me repugnan, ni me asustan... Es, sencillamente, que me hacen llorar por dentro, se me desgaja el alma como una mandarina de temporada en manos hábiles. TAN pequeñitos, TAN encorvados, TAN frágiles y TAN vulnerables. Tan, tan, tan, tan... que casi veo la sombra de la guadaña haciéndose pasar por cuarto menguante en una madrugada de verano. Y es que yo con los años me he hecho temeraria de la muerte, y no de la propia sino de la ajena. Me da no sé qué.
Será un pequeño deje de culpabilidad; yo aquí, intentando construir mi vida a duras penas, lozana y poco agraciada pero con mucho que arrebatarle a la vida, antes de que ella me lo arrebate a mí... y ellos que se acaban, poco a poquito, a sorbitos tímidos.
Y qué hacer, si aquel hombrecito de mirada tierna a pasos desgañitados trata de alcanzar una acera que se le antoja el Kilimanjaro. Que se agarra con fervor a una barandilla roída por los excrementos de las palomas con cara de horror y triunfo por el crudo pavor a la muerte. Y yo le contemplo, le añoro sin conocerle y no hay cosa que más desee en ese momento que arrancarme diez años de vida para insuflárselos a él, para no verle sufrir, para no verle temer.
El asiento cedido a una fatigada cabellera de estrellas, enfundada en un traje azul de domingo y comprender que no es el traje el que le adorna sino que es ella la que lo adorna a él. Y verla cansada pero feliz, con el carmín de chinchilla arropando la puerta de la sabiduría.
Y al fin y al cabo pensar, que es mejor apreciar la vejez que no poder contemplarla nunca.
sábado, 1 de diciembre de 2012
Ausencias
Cuando una persona se marcha, su
ausencia se encuentra en las pequeñas cosas, en esas pequeñas
manías que mientras están a tu lado invocan una furia pasiva que te
sacude por dentro para escupir cuatro blasfemias incoloras y así
quedarse uno vacío de rabia.
Cuando su ausencia invade los rincones,
es el momento en el que esas manías se transforman en susurros de
nostalgia y sabes que lo que queda apenas son ecos del pasado. Cuando
ya no hay platos apilados en el fregadero, cuando ya no escuchas el
hilo de la radio allá por donde pisas, cuando el recuerdo de las
napolitanas calientes se diluye en el tiempo, cuando de las
discusiones sólo quedan los perdones y la estela de las promesas
rotas que se llevó consigo.
La ausencia duele, rasga y destroza
pero aún desgarra más cuando te encuentras con el último rescoldo
de esas costumbres que tanto te irritaban, cuando encuentras el
último boli sin tapa, el último mensaje escondido en tu bandeja de
entrada, cuando entiendes que después de todo aquello, lo último
que te queda es su silencio y nada más.
miércoles, 11 de abril de 2012
Espirales
Marta dice que la vida es como una espiral, nunca he entendido muy bien a qué se refiere con ello; si a la vida como una debacle de sucesos o a un vórtice inconcluso que se precipita al vacío. Sin embargo, la sola imagen de la espiral ya me da vértigo de por sí.
Admito haber investigado un poco, por aquello de ampliar conocimiento y no quedarme en la superficialidad de las cosas. De la espiral dicen que representa el Sol y el tripartito "nacimiento-muerte-renacimiento". La espiral se me antoja entonces vida, aunque una vida vertiginosa que se sabe dónde empieza pero nunca cómo acaba. La espiral es inconclusa, un poco como Marta, un poco como todos; y lo único que podemos hacer es fluir con las líneas para ver dónde terminamos. La vida es pues sorpresa anodina, para bien o para mal siempre será una enorme incógnita, un enigma mal formulado con la forma de una interrogación.
Dicen algunos filósofos que representa el pensamiento cíclico, en fin, para mí que el pensamiento siempre lo fue o al menos en mi cabeza nada matemática debe reinar impasible una tirana espiral que en determinado punto retoma donde lo dejó aquello que ya creía olvidado.
Pese a los embrollos mentales de Marta, es una persona más que inteligente. Carga a sus espaldas una enorme vocación por la historia y la arqueología -entre otras cosas- que a día de hoy, bueno, no le dicen mucho a la humanidad. Quizá por eso comenzamos a repetir los errores de antaño... ¿Será esto un comportamiento en espiral?
En cualquiera de los casos ella lo estudia con devoción; en ocasiones se cansa y se lamenta diciendo que debería haber estudiado enfermería, pero yo sé que le irá bien. Lo que pasa que a veces nos frustramos, cuando sientes el frío soplo de la sociedad podrida en la nunca, tantos años de esfuerzo, tanta ilusión derramada por los pasillos de la facultad, tantos agobios camuflados en hojas de papel. Yo no sé Marta, pero a mí lo que mejor me sabe de estas épocas de estudio son los cafés de mañana, entre risas dormidas y buena compañía, degustando hasta el último minuto de libertad taimada que sabemos, se acaba cuando sales por la puerta de la cafetería.
De Marta lo que más me gusta es su risa, se le llena toda la cara de una alegría inaudita y siempre explota en carcajadas, como un globo cede ante una uña afilada. Es ciclotímica y lo sabe, pero con el tiempo ha desarrollado una extraña panacea de pseudoindiferencia ante la vida que le sienta muy bien. Desde hace bien poco ha decidido que la vida es hermosa y se le hace feliz con muy poco, aunque eso no implica que no sea exigente.
Marta quiere comerse la vida, una vida con sabor a tomate natural y forma de espiral.
Admito haber investigado un poco, por aquello de ampliar conocimiento y no quedarme en la superficialidad de las cosas. De la espiral dicen que representa el Sol y el tripartito "nacimiento-muerte-renacimiento". La espiral se me antoja entonces vida, aunque una vida vertiginosa que se sabe dónde empieza pero nunca cómo acaba. La espiral es inconclusa, un poco como Marta, un poco como todos; y lo único que podemos hacer es fluir con las líneas para ver dónde terminamos. La vida es pues sorpresa anodina, para bien o para mal siempre será una enorme incógnita, un enigma mal formulado con la forma de una interrogación.
Dicen algunos filósofos que representa el pensamiento cíclico, en fin, para mí que el pensamiento siempre lo fue o al menos en mi cabeza nada matemática debe reinar impasible una tirana espiral que en determinado punto retoma donde lo dejó aquello que ya creía olvidado.
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| Pertenezco a este lugar |
En cualquiera de los casos ella lo estudia con devoción; en ocasiones se cansa y se lamenta diciendo que debería haber estudiado enfermería, pero yo sé que le irá bien. Lo que pasa que a veces nos frustramos, cuando sientes el frío soplo de la sociedad podrida en la nunca, tantos años de esfuerzo, tanta ilusión derramada por los pasillos de la facultad, tantos agobios camuflados en hojas de papel. Yo no sé Marta, pero a mí lo que mejor me sabe de estas épocas de estudio son los cafés de mañana, entre risas dormidas y buena compañía, degustando hasta el último minuto de libertad taimada que sabemos, se acaba cuando sales por la puerta de la cafetería.
De Marta lo que más me gusta es su risa, se le llena toda la cara de una alegría inaudita y siempre explota en carcajadas, como un globo cede ante una uña afilada. Es ciclotímica y lo sabe, pero con el tiempo ha desarrollado una extraña panacea de pseudoindiferencia ante la vida que le sienta muy bien. Desde hace bien poco ha decidido que la vida es hermosa y se le hace feliz con muy poco, aunque eso no implica que no sea exigente.
Marta quiere comerse la vida, una vida con sabor a tomate natural y forma de espiral.
jueves, 23 de febrero de 2012
Memories
Que el tiempo es veneno ya lo sabía yo desde hace mucho tiempo, pero es cuando todo decae a tu alrededor cuando realmente distingues ese sabor amargo de la desgracia, del segundero espídico devorando tus horas de vida: escasas, sosas, tristes, pobres...
Haciendo memoria quise recordar cuando en tiempos ancestrales me sentí objeto, quiero decir, cuando pese a entregarlo todo me sentí ninguneada, absurda y sola. No sé muy bien por qué lo hice, el caso es que ahí estaba; con la noche metida en mí hasta las trancas, el humo del tabaco rancio invadía mis pulmones y un vaso ancho cascado de tanto uso albergaba Chartreuse a medio beber, un licor verde idilio con sabor a pera que me recordaba a muchas cosas más... Y es que el devenir de pensamientos no cesaba, de modo que me entregué a ellos como una ramera en pos de su mejor cliente.
Recordé una ocasión en concreto, cientos de años atrás, más de los que una cuarentona amargada como yo podría aceptar. Por aquel entonces me entregué en cuerpo y alma al mayor hijo de puta de toda la historia al que consolé y besé incluso cuando sabía que él ya había dejado de amarme. Sí, lo sé, hago buen acopio de la aumentatio ciceroniana pero en aquel momento todo era vívido y tangible, y ese insulso mortal consiguió arrancarme el corazón con una cucharilla desechable. Y es que eso era yo, prescindible... y maldita sea, claro que dolía ¡a esa edad! A día de hoy cuando miro atrás me parece ridículo, hay cosas más terribles en la vida pero las descubres a posteriori, cuando ya no te quedan más lágrimas que derramar por dramas de poca monta que surcan los mares arrebatados de tu existencia.
En fin, después de aquel recordé las caricias turbulentas de otros tantos con las que descubrí que el amor que sentía por mí misma era tan grande que ninguno de ellos podría eclipsarlo. Fue entonces cuando dejé de buscar, aprendí a degustar la soledad pérfida y lisiada y la hice mi amante. No echaba de menos las madrugadas calenturientas en brazos de desconocidos pues tenía los míos para confortarme, no echaba de menos las palabras escondidas, los poemas fingidos, pues tenía a mis drogas y mis libros, que me mecían cuando me sentía desamparada.
En definitiva, no echaba de menos la vida pues ésta nunca tuvo nada que ofrecerme. Y es que siempre fui una figura quijotesca taimada por las aspiraciones y los deseos que te da la juventud, pero como siempre, en algún momento aparece el Caballero de la Blanca Luna que todo lo derrota. Y aquí estoy, debatiéndome entre la muerte triste de Alonso Quijano o el espasmódico declive de Emma Bovary.
...Dónde será que dejé el arsénico...
martes, 27 de diciembre de 2011
Solitude
Monstruos disimulados se esconden bajo tu insomnio. El tic tac del reloj aplaca el silencio nocturno para que no te sientas tan sola. Tonta alma desvelada, te meces en tu propio desespero intentando encontrar el consuelo que otro tonto no te da.
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| Pertenezco a este lugar |
Que tu deseo es bailar con la vida y hacer de ella un cocktail tan dulce como un panal.
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